Desde Belssor, la capital de la Mancomunidad: León de Montecristo y “El Último Rey”

Desde 2002 firma bajo el seudónimo de León de Montecristo, ahora con su primera entrega de “CODEX DRACONIS I: Último Rey”, se posiciona como uno de los pocos reconocidos en nuestro país por escribir fantasía épica.

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¿Cómo partió esto de ser escritor?

Imagen10Partió como todas esas cosas que lo han acompañado a uno desde tan larga data, que ya ni se sabe dónde o cómo comenzó todo. Yo era pequeño, aprendí a leer a una edad muy temprana y a escribir mis primeros libros sobre dinosaurios a los seis años. Luego, a eso de los diez, comencé a plagiar (de un modo descarado) algunas de las historias de ciencia ficción que daban en la televisión (como el “Capitán Futuro” o el “Súper Agente Cobra”), mezclándolas con relatos de piratas y de viajes en el tiempo. En el fondo, recreaba en las letras mis juegos de niño. Pero no fue hasta que tuve 15 o 16 años que leí “Las crónicas de Narnia”, y entonces me di cuenta que la fantasía, como género, tenía posibilidades infinitas e insospechadas. Era una cascada en caída libre, llena de ideas por desarrollar. Desde entonces he cultivado ése género como escritor, aunque mis propios libros están muy lejos de la lucidez o la magia presente en Lewis.

 ¿Cómo nació la idea de “El último rey”?

Exactamente no recuerdo cómo. Sucedió hace mucho tiempo. Sí recuerdo que fue a partir de uno de mis discos favoritos (“Eldorado”, A Symphony By The Electric Light Orchestra, de 1974), que llegó a mis manos más o menos por la misma época que las ya mencionadas “Crónicas de Narnia”. Inspirado por sus acordes, mágicos y sinfónicos, tracé un boceto (sería pretencioso referirse a ese bosquejo como un “dibujo”) en el que delineé una cordillera y un castillo de cada lado. Uno de ellos era el germen de Belssor; el otro, el de Oruk Qen-wë, el Castillo Vidente de Zarkon. Y a partir de ahí empecé a imaginar una historia en que un rey iba a la guerra para detener a un antiguo hechicero, el señor de aquel reino de más allá de las montañas, mientras paralelamente una de sus hijas (por ese entonces la única) partía a buscarle. El argumento se ha vuelto más complejo desde entonces (al punto que lo que era un libro autoconclusivo se transformó en una saga), pero, en esencia, la historia no ha cambiado gran cosa.

 ¿Tienes alguna manía a la hora de escribir?

Ninguna de manera consciente. Solía escribir con el televisor prendido y sin sonido (aunque no lo estuviese viendo) y escuchando música al mismo tiempo, pero eso en la época en que necesitaba aislarme un poco para disfrutar del silencio que provoca el ruido. Fuera de eso, ninguna manía. Eso sí, mi mujer me dice que es común que yo “represente teatralmente” las escenas que voy describiendo. Si, por ejemplo, voy a escribir “y le dio entonces una estocada profunda con su acero”, hago la mímica completa, me sirve de referencia al momento de describir la escena. Mi señora se ríe porque a veces hago el gesto de enfado, de tristeza o de asombro, según lo que esté escribiendo. Espero jamás describir a un personaje saltando a un pozo.

 ¿Cuánto tiempo te tomó escribir este libro?

Imagen9Desde su génesis hasta su publicación, transcurrieron diecinueve años. Pero hay mucho de corrección, de muerte y resurrección, y también de explosión creativa entre medio. También hubo momentos de desesperación y sequía. Sumando y restando, diría que me tomó unos cuatro a cinco años escribir “El último rey”, y en el proceso iba avanzando además en sus secuelas. El “Codex Draconis”, siendo como es una saga, es un monstruo cuyas cabezas van creciendo simultáneamente.

 ¿Qué sientes al leer reseñas de tu libro y al asistir a eventos literarios?

¡Alegría y extrañeza! Todavía me siento flotar cuando veo mi novela en alguna librería. Las reseñas, casi todas amables y positivas, las tomo con humildad, pero también con agradecimiento. Yo también soy lector, sé lo que es descubrir un libro y no poder soltarlo, disfrutar cada una de sus escenas, saborearlas en mi mente como si estuviera viviendo el mejor de los sueños, comentar con mis amigos sobre sus personajes como si de personas vivas se tratase. Saber que, en alguna medida, lo que uno escribe pueda provocar esas sensaciones en otra persona, es el mejor pago para mi como escritor. Es la verdadera magia de la comunicación a distancia. En cuanto a los eventos, es una oportunidad de estar cerca de los lectores y de conocer otros escritores. Me pone nervioso todavía hablar en público, pero disfruto mucho esas instancias literarias. Me siento un escritor cuando asisto a ellas.

 ¿Qué le dirías a alguien que esté iniciándose en la literatura?

Le diría muchas cosas, más de las que debiera escuchar. Le diría que leyera mucho, más de lo que escribe, y que sea humilde. Que el ego es su peor enemigo, pues nunca caerá en cuenta de sus errores si cree que no los tiene. Que piense bien el final de una novela antes de lanzarse a escribirla. Que la mastique en su cabeza hasta que cobre vida a través de su pluma. Que no escuche a los escritores que se quejan de lo difícil que es la vida de un escritor. Que tampoco crea en la musa inspiradora, sino en el trabajo diario. Pero le diría al fin y al cabo que debe atender su propia voz y no escuchar consejo alguno, ni siquiera los míos, pues no hay nada más íntimo que la literatura y el proceso creativo. Tal vez el único consejo que me permitiría darle es el que yo he seguido y cultivado por años: aprender a ser paciente. El mundo no se acaba si uno no es rico y famoso antes de los veinticinco años; cada libro, cada autor, tienen su tiempo de maduración. La fruta que se saca antes de tiempo solo sirve para tirársela a los pájaros. Ni siquiera sirve de semilla. Y, por supuesto, le desearía a ella o él la mejor de las suertes en su senda literaria.

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¿Qué tipo de libros amas y cuáles no soportas?

Amo los libros bien escritos, ojalá con una buena descripción. Sé que no estamos en el siglo XIX, y que hoy los libros deben competir con el formato audiovisual, más ágil, pero detesto la mezquindad literaria en una novela. Quiero que un libro me saque de mi habitación y cree un nuevo mundo ante mis ojos, no que sea un punteo telegráfico que solo piensa en el éxito inmediato o en el guion de la película. Tal vez por eso mi debilidad por los libros largos, pues, parafraseando a Bárbol, pienso que una buena historia no debería contar nada a menos que merezca la pena el tiempo que requiere contarla

Me gustan los libros con ambiente. Y me gustan, de preferencia, si hay un elemento de suspenso en ellos. Me encantan los giros argumentales y los finales inesperados. Hay gente que le gustan los libros que los hacen pensar. No es mi caso. Yo prefiero los libros que me hacen soñar o levantarme de mi asiento.

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 ¿Qué opinas de iniciativas de fomento a la lectura como nuestra revista?

¡Es algo fantástico! De un principio me pareció una excelente idea, pues es un espacio creado por y para lectores. Nada de academicismos pretenciosos, ni de rebuscadas definiciones; es el lector, puro y llano, escribiendo a partir de su experiencia literaria y compartiéndola con los demás. El sur, como región, tiene mucho misticismo y algo de magia ancestral que ciertamente revitaliza al género fantástico. El nombre, entonces, es un acierto. Lo veo como un espacio que bien podría transformarse en un referente para toda Latinoamérica, si sus creadores se mantienen firmes ante la adversidad. Espero que así sea, pues los espacios de difusión como este vienen a desmentir la mala imagen que se tiene el lector de Chile. Somos una minoría, es cierto, pero igual que cierta radio, somos una inmensa minoría. Solo ocurre que no estamos conectados adecuadamente, estamos muy aislados. La tecnología ahora puede cambiar eso, a través por ejemplo de una revista digital como esta. Y para revertir aquello de que en Chile no se lee, los lectores de fantasía por cierto que tenemos algo que decir.

 ¿Qué le dirías a los lectores de “Lecturas en el Sur”?

Les diría que cada libro espera en la muerte de una estantería al lector que le dé vida, y les felicitaría por ser eso: lectores. Creadores de nueva vida. En estos días, con la agitación del mundo moderno y sus distracciones, ser lector es casi una hazaña. ¡Y vaya si no es fundamental para la literatura! Son los auténticos protagonistas de la magia literaria. Si los escritores somos los creadores de nuevos mundos, estos son mundos estériles hasta que nacen gracias a los lectores. Son ustedes los que dan vida a la literatura. Mis más sinceros agradecimientos, por tanto, hacia todos ustedes, las mujeres y los hombres, de cualquier edad y condición, que con su necesidad de mundos nuevos, abren un espacio para que yo pueda dedicarme a aquello que me hace feliz: escribir. Muchas gracias a todos .-

 

 

 

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