[Cuento] “Chinchu”

Cuando tenía 4 años me operaron y estuve casi una semana en el hospital. ¿Saben lo eterna que es una semana para un niño de cuatro años? Más aún cuando eres apegado a tus padres y te encuentras conectado a suero, lleno de parches con caritas felices para hacer tu estancia algo más placentera. Pero a pesar de todo eso, conocí a muchos niños con quienes jugaba y compartía los juguetes que mi madre me llevaba cuando iba de visita. Incluso las enfermeras, que además de asistirnos en todo lo relacionado con nuestros padecimientos, me ayudaban a dibujar cuando no podía hacerlo a causa de la “mariposa” en mi mano.

El segundo día después de ser operado, recibí el mejor regalo del mundo; mi primer peluche de mono, que de inmediato se transformó en mi fiel compañero. Chinchu -sí, así lo llamé-, no sólo me acompañaba en las largas y frías noches en el Hospital Naval, también me abrazaba cuando tenía miedo o veía sombras que se acercaban a mi cama mientras entrecerraba los ojos para dormir.

Ese pequeño simio de color café, hizo que esos días, y por mucho tiempo más, se llenaran de momentos muy alegres y entretenidos.

Han pasado 17 años y aún se encuentra conmigo, en mi pieza, vigilándome desde el futón, con sus ojitos algo gastados y una oreja menos.

Por:

Joaquín Rodríguez Fernández
Joaquín Rodríguez Fernández
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