[Ensayo] Más allá del bien o el mal: Héroes

Si recordásemos al paladín de aventuras que teníamos cuando niños, seguramente lo imaginaremos luchando contra un supuesto “mal”, quizás representado por su archirival o bien por una situación angustiante en su entorno, que lo lleva a superarse a sí mismo hasta alcanzar un nuevo estado espiritual.

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Todos hemos leído o visto, en cuentos, novelas, e incluso en el cine, como un personaje protagonista, luego de la separación de todo aquello que le otorgaba seguridad, es iniciado en un deambular venturoso lleno de peligros, pero también de aliados, para luego retornar en un nuevo estado espiritual. A este proceso se le llama Camino del Héroe.

Comúnmente, estos personajes están asociados a actitudes que consideramos correctas, buenas y honorables. Y más común es que se enfrenten a un enemigo o contextos considerados “malos”. Pero realmente, lo correcto e incorrecto, son apreciaciones relativas al entorno en que se esta inmerso. Entonces, ¿podríamos crear una historia capaz de imbuirnos en el camino del héroe, pero que estuviese más allá del bien o el mal?, ¿Será posible crear un héroe que deje al lector con la sensación de relatividad acerca de lo correcto e incorrecto?

–¿Relativo? –Estarás, pensando en este momento. Quizás, la decisión que tomaste hace unos instantes, que te pareció adecuada y por consiguiente “buena”, no sólo será errada en el futuro, sino también “mala”.

Para explicar ésto, pensemos en un personaje protagonista de una historia que llamaremos Hero. Él, nació en el Japón feudal, sigue el camino del héroe y de paso la vía del Samurai… Pero ciertamente antes de continuar debo de explicar mejor, qué son estas “sendas”.

El camino del héroe, fue definido por Joseph Campbell, un estudioso de los mitos, leyendas folklóricas, cuentos, etc. que notó que prácticamente todos los héroes siguen un patrón definido para alcanzar esta condición, algo así como “las mil caras de un mismo Héroe”[1]. No sólo eso, buscó el por qué de esta constante atemporal y por qué se repite en todas las etnias y edades de la humanidad. Concluyendo que se trata de una metáfora de nuestra propia evolución personal, presente en el inconsciente o en el inconsciente colectivo. Así subdividió el camino del héroe en: Separación-Iniciación-Retorno.

  • Separación: El personaje es desarraigado de su entorno, empujado o llevado a la aventura, donde se hace de aliados y es favorecido por instancias sobrenaturales. Comparable, en sociedades primitivas, con el momento en que un niño es llevado a hacer su ritual de iniciación, que lo distinguirá como nuevo adulto.
  • Iniciación: Es el descenso a los infiernos (del mundo cristiano). Las desventuras que debe enfrentar hasta hacerse de algún conocimiento, estabilidad u objeto que le permita regresar de su encuentro con su propio inconsciente, y volver al mundo de los vivos. Bien lo podemos comparar con el ritual en sí.
  • Retorno: Regreso a la realidad, pero como un ser nuevo capaz de conseguir las metas que se propuso, con la visión de ambos mundos. Así como el niño vuelve convertido en un hombre, luego de haber vivido el ritual que le permitió dejar de serlo.

 

La vía del Samurai, es más bien la forma en que un militar del medioevo Japonés debía enfrentar la vida, y en especial la muerte, para ser considerado y saberse el mismo  un verdadero Samurai. En gran parte esta interpretación se basa en un texto llamado “El libro del Samurai”, o bien  “Hagakure”, que significa “oculto bajo las hojas”[2]. En este, se esgrimen una serie de órdenes o reglas que debe seguir un Samurai; en especial estar dispuesto a morir en todo momento. Para él más vale la muerte, que una vida en la deshonra.

Bajo estos preceptos vive nuestro personaje Hero. Que luego de haber sido separado de su familia, conoció a su maestro quien lo inició en la mencionada Vía, poniéndolo luego al servicio de un amo o Daimyo, situación indispensable para no ser considerado un Samurai vagabundo o Ronin. Este amo, le ha encomendado a él y a su ejercito de Samuráis una misión: recuperar los terrenos usurpados por el clan rival a como diera lugar.

Lamentablemente para Hero, la misión fue un fracaso, y peor aún, ha quedado en el campo de batalla inconsciente y herido en las piernas. Al despertar puede ver a sus compañeros regados sobre la hierba, ahora color escarlata por la sangre. La más profunda deshonra siente en su interior, y decide terminar con su vida haciendo Seppuku, o suicidio ritual. Fue encontrado muerto por el siguiente batallón que lo sepultó con honores. Así como él, ellos están dispuestos a dar la vida por el Daimyo.

Ahora, bajo esta misma encrucijada se encuentra nuevamente nuestro personaje Hero, pero en otro tiempo. Él ya no es un japones, ni sigue la vía del Samurai. Hero, es un militar que vive en Europa y esta luchando por recuperar los territorios de Inglaterra en plena segunda guerra mundial, y fue encontrado herido en las piernas y agonizando en el campo de batalla. Vagamente vislumbró a sus compañeros regados sobre la hierba escarlata, por la sangre. Fue llevado al hospital del cuartel general donde logró recuperarse gracias a la medicación. Tras meses de tratamiento se le ofreció dejar el servicio, pero se negó. Deseoso de venganza, se pone a las órdenes de sus superiores nuevamente. Él ahora comanda un batallón, el cual es enviado en misión secreta, para hacerse de los planos del campamento base enemigo. Pero esta vez sí sale victorioso, y por esta acción fue condecorado y recibió lo más altos honores.

Con este ejemplo podemos notar lo circunstancial de una decisión. Para la sociedad occidental en general, el suicidio es un acto de cobardía. Pero para algunas sociedades orientales, puede ser una alternativa no sólo válida, sino digna. Por tanto, ¿es correcto o bueno para cualquier ser humano suicidarse? La respuesta más certera seria: depende, pues es relativo al entorno en que se esta inmerso.

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Este ejemplo nos será muy útil para dar solución a la pregunta; ¿es posible seguir el camino del Héroe, sin que el lector identifique los avatares que le ocurren al protagonista como circunstancias malas o incorrectas? Al parecer, si colocamos un mismo personaje en circunstancias históricas y sociales distintas, y estas son coherentes y contrapuestas a los ojos del lector, podemos conseguir separar al héroe del bien o el mal. Aunque, no hemos conseguido, en ningún caso, que el lector no realice su juicio de valor sobre el suicidio, sino más bien que cuestione las motivaciones y circunstancias que lo llevaron a tomar esa decisión.

Pero, ¿qué ocurre si lo que deseamos realizar es una novela épica ficticia, o bien fantástica? ¿Será necesario inventar contextos históricos distintos, para situar un personaje en ellos, y realizar este proceso? Esta sería una alternativa, al parecer válida, para demostrar lo relativo del bien y el mal. Pero en ello se nos presentan dos problemas:

  1. Lo engorroso que resulta crear una sociedad ficticia, que sea coherente, y además un contexto histórico para esta sociedad que nos permita realizar el traslape de nuestro personaje.
  2. Al parecer sería algo molesto, leer dos veces un mismo acontecimiento, aunque se cambie el entorno.

Uno de los pocos, si es que no el único escritor de género fantástico que ha conseguido crear una sociedad ficticia, más su contexto histórico, incluyendo sus tradiciones, mitos y lenguaje, hasta formar un mundo, es J.R.R. Tolkien, un filólogo inglés que a mediados del siglo pasado creó la celebre novela El Señor de los Anillos. En ella, unos curiosos y atípicos personajes, de una raza llamada Hobbit, que tienen una gran similitud con niños o adolescentes humanos, se les encarga la titánica tarea de llevar el máximo poder imaginable, representado en un anillo, hasta los confines del mundo, para que sea destruido.

En esta novela, podemos observar claramente el camino del héroe que definió Joseph Campbell, pero también la tradicional lucha entre el bien y el mal, que aparece continuamente en este género, incluso desde historias tan antiguas como La Odisea de Homero (Siglos X y IX Antes de Cristo).

Esta constante aparición de la lucha entre el bien y el mal, es al parecer una necesidad del género épico fantástico, que tal vez lo define. Resulta muy útil, y hasta necesaria al momento de dejar una lección a un niño, como en el Patito feo (de Hans Christian Andersen), pero inadecuada según mi criterio para el adolescente actual.

En las novelas de fantasía de contexto futurista, dígase Ciencia Ficción, como lo son: Fundación de 1982 (de Isaac Asimov), o ¿Sueñan los Androides con Ovejas Eléctricas? (de Philip K. Dick), no ocurre la reyerta típica de la fantasía épica, más bien se centran en el conflicto social, de enfrentarse con una tecnología muy avanzada y ficticia.

Entonces, ¿podremos seguir el camino del héroe en una nóvela épica y de fantasía, sin caer en la conocida lucha entre el bien y el mal? Y, ¿Podrá, una obra con ese precepto cautivar al lector, en especial al adolescente, tan seducido en la actualidad por este tipo de lectura?  Según lo que hemos definido hasta ahora sobre éste, no necesariamente debemos tener una lucha entre las conocidas Luz y Oscuridad, como para cumplir el proceso de Separación-Iniciación-Retorno. Y por tanto, no son excluyentes.

Existe una disyuntiva más. En el momento en que el lector se posesione en el lugar del protagonista, tenderá a pensar que estas situaciones adversas que viven en el proceso de iniciación resultan ser el mal. Y esto es inevitable, si concebimos una obra en donde el personaje principal resulta ser un sujeto entregado por el prójimo y desprendido de sí mismo. Un héroe. Aunque bien podemos crear un tipo de héroe algo más pérfido, como lo sería El Capitán Alatriste[3].  Siempre el lector tenderá a creer que la adversidad que enfrenta es aun peor, y por tanto mala, que el mismo carácter del protagonista. A este tipo de protagonista se les llama anti héroes, aunque claramente no son la antítesis del héroe sino que, normalmente, alguien rechazado socialmente. A ojos del lector este anti héroe, tiende siempre a ser considerado en su interior como bueno. Otro ejemplo de un clásico anti héroe es el sufrido y rechazado brujo protagonista de la extensa saga de El brujo, Geralt de Rivia de Andrzej Sapkowski.

En este punto, no encontraba una salida convincente, y debí devanarme los sesos para poder lograrlo.

Primero, debemos asumir que muchos de los héroes de ficción, que conocemos hoy, se han basado en circunstancias reales. Así, Sir Arturo Pendragón, fue un modesto caudillo guerrero que vivió hacia el año 500 después de Cristo, el cual fue mitificado por sus exitos. La tradición celta fue enarbolando a este personaje al carácter de divinidad, gracias a novelistas e historiógrafos franceses, auspiciados por aristócratas que pretendían ser los herederos del ahora novelado Rey Arturo.  Si pensamos en Arturo como un guerrero, asumimos por tanto que desde un punto de vista de los oprimidos por él, no debe de haber sido precisamente un héroe, muy por el contrario.

Similar ejemplo, para la mayoría de nosotros es el tratado de Ancón (1883), donde se consiguió la consolidación del triunfo de Chile sobre Perú y Bolivia, gracias a sus héroes de la Guerra del Pacífico. En un principio, el coronel Emilio Sotomayor Baeza se tomará la ciudad de Antofagasta, a petición del gobierno Chileno, con una flota marítima (sin haber declarado la guerra aún), y con el no despreciable hecho que, en ese entonces Antofagasta cuenta con 4.530 chilenos de un total de 5.348 habitantes. Y todo desencadenado, porque el presidente Boliviano Hiliarión Daza, que presionado por Perú (con quienes también firmó otro acuerdo secreto), aprueba una ley que grava el salitre extraído de Antofagasta en diez centavos el quintal, violando un tratado con Chile de 1874. Pero para la mayoría de los Bolivianos es el comienzo de la “usurpación” Chilena por los “ladrones” (y no héroes, evidentemente), que hizo que Bolivia perdiese su única salida al mar, y por consiguiente una de las “causas” de sus desgracias económicas actuales.

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Teniendo este concepto de Héroe, tan disímil como norte, se puede encontrar una solución para el problema de enajenarnos de la trillada dicotomía del bien y el mal. Bien se pueden tener no uno, sino dos héroes retratados desde puntos de vista contrapuestos. Llegará un momento en que el lector, al atar cabos, notará que aquel que se le planteaba como enemigo e intrínsicamente malo a uno de estos dos héroes, no es más que el otro héroe. El lector debe de irse hundiendo y sintiendo identificado por ambos personajes,  así como comprendiendo el contexto en que se desarrollan los mitos, que le hicieron creer en este enemigo. Pero hasta el encuentro cara a cara, ambos personajes sólo tendrán una visión sesgada del otro. Solamente el lector debe de haber resuelto que aquellas visiones horribles que se le entregaron a cada uno de los personajes, no son más que solapadas nociones de la realidad, en un contexto complejo.

12309442_896552460393243_300181026_nCon esta idea en mente, podemos contar una historia que fácilmente se dirija por el Camino del Héroe, e incluso haciendo alusiones del malvado y cruel enemigo,  para que luego el lector se desligue de ellas, y termine comprendiendo que aquellas nociones de bueno y malo que se le dieron en un comienzo, son interpretaciones relativas al entorno en que estaba inmerso cada uno de estos héroes. Algo de este concepto puede leerse y verse en Juego de Tronos de R.R. Martin, con Jon Snow, Bran Stark y Daenerys Targaryeen, aunque para ser sinceros, la razón de esto es que está basado en la historia, en específico en la guerra de las rosas de 1937 en Inglaterra[4].  Por tanto, podemos observar en esta obra la situación relativa del bien y el mal tan característica de hechos históricos.

No será extraño, en un futuro próximo, encontrarnos con Fantasía Épica donde la lucha entre el bien y el mal se diluya en una novela con historia ficticia, que tenga un fuerte asidero de los comportamientos humanos en la realidad, por tanto veamos enfrentándose nuevamente a nuestros héroes entre sí, como lo fue ya hace mucho, con el iracundo Aquíles y el engañado Héctor en la Íliada de Homero.

[1]  “El Héroe de las Mil Caras”, Joseph Campbell
[2] En  el “Hagakure, El Libro Del Samurai” (de Yamamoto Tsunetomo 1659-1719) se notan claramente estos preceptos; “El que escoge vivir habiendo fracasado en su empeño, será despreciado y será a la vez un cobarde y un fracasado. El que muere después de haber fracasado, muere de una muerte fanática, que puede parecer inútil. Pero en cambio, no será deshonrado. Tal es la vía del Samurai.”
[3] El Capitán Alatriste, Arturo Pérez-Reverte y Carlota Pérez-Reverte, Editorial Alfaguara © 1996.
[4] Juego de Tronos: Aventura y Filosofía http://pezlinterna.com/wpsite/?p=176

 

Por:

Alejandro “Dádileb”  Torres F.
Alejandro “Dádileb”
Torres F.
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